Por: Miguel Godos Curay
Hoy 23 de noviembre se cumplen 167 años de la muerte de Manuelita Sáenz en Paita. La fecha exacta de la muerte de Manuelita se pudo desentrañar gracias al hallazgo de una carta en el archivo del doctor Aurelio Miro Quesada Sosa. Se trata de la carta que su bisabuelo, el general Antonio de la Guerra, vencedor de Junín y Ayacucho, Prócer de la Zulia dirige desde Paita a su esposa la dama piurana doña Josefa Goróstide Seminario. La carta fechada el 5 de diciembre de 1856 precisa el día y la hora de la muerte de Manuelita Sáenz. La misiva tiene un extraordinario valor documental ante la inexistencia de archivos y documentos oficiales.

La carta al tenor dice: “El 23 del pasado a las 6 de la tarde –precisa- dejó de existir nuestra amiga doña Manuela Sáenz, y tres días antes enterraron a su sirvienta Juana Rosa, ambas fallecieron de la abominable e infernal enfermedad de la garganta. Dos días después de la muerte de la señora se enfermó la Dominga del mismo accidente, la vio Mendoza, le echó el fallo y aun la abandonó, y unas cholas comadres de doña Manuela la curaron en 4 días, por lo cual deducimos, que en haberla abandonado Mendoza estuvo su salvación, porque si la hubiera asistido la hubiera dirigido por el mismo camino de la señora y su compañera, aún hay más; una de las Benites cayó con la misma enfermedad, la asistía Mendoza, visto que no obtenía ningún alivio llamaron a Bobbio y ya está buena y sana. Por manera que si los conocimientos de Mendoza correspondieran a la importancia que se da, no mataría tanta gente”.

Guissepe Garibaldi, la conoció en 1851 y le regala unas emotivas líneas en sus Memorias Autobiográficas. Después de una memoriosa tertulia. El condottiero se despidió de Manuelita con lágrimas en los ojos. Cinco años después en 1856, el año de su muerte, la conoció el entonces joven contador de la corbeta de guerra “Loa”: Ricardo Palma. La tradición “La Protectora y La Libertadora” da cuenta de la última entrevista a la Libertadora. Para Palma, doña Manola, tenía la majestad de una reina sobre su trono, vestía pobremente pero con dignidad y con aseo. Era una animadísima conversadora. Nunca perdió su talante de mujer superior acostumbrada al mando y a hacer su voluntad.

En Paita, Manuelita mantuvo una relación de amistad con su paisano Pedro Moncayo. Pero esta proximidad se diluyó cuando ella se convenció que Moncayo no era partidario del general Flores, compadre de Manuela. Moncayo estaba seguro de que Manuelita era una bien informada espía del general Flores que le daba cuenta de las actividades de los conspiradores refugiados en Paita.

Carlos Alvarez Saa, sostiene que en Protocolo de Inventario del Mobiliario y otros de la casa quinta de su Excelencia Simón Bolívar Nº 102 del 16 de diciembre de 1856 inscrito en la Notaría Primera del Municipio de Santa Fe de Bogotá, en el rubro 198, se registran “Documentos rescatados de la choza de la Sáenz en Paita, Perú por el General Antonio de la Guerra y que remitiera al General Briceño, el cual depositó en el congreso. En el mismo legajo se registran: “Documentos: Diario del Libertador tomado minuciosamente por el Señor General del Perú de Lacroix en Bucaramanga y un diario de la Sáenz de su estadía en Paita (Perú) el cual se pondrá a buen recaudo por ser de sus apreciaciones suyas muy personales y de pensamientos poco y nada recomendables para la salud de la República. Advierte Alvarez Saa que estos papeles se encuentran en Ecuador desde 1985. El epílogo es novelesco. El diario de Manuelita estuvo en manos del M-19 que también se llevó la espada de la Quinta Bolívar en febrero de 1974. Alfaro Vive, negoció e ingresó estos papeles clandestinamente al Ecuador. Los venerables despojos de Manuelita están en Paita y su alma inquieta se estremece con los remolinos que danzan con su mágico embrujo en la sal de la tarde.